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Preparando la maleta a Hilchenbach: el viaje


Si hablo de Hilchenbach serán pocas las personas que conozcan de que hablo. Para describir este pueblo alemán podría decir que es como introducirte en un cuento, viajar en el tiempo y esperar en que cualquier momento los elfos te entreguen regalos. Suena a exageración, pero no es lo es tanto. Hilchenbach ha sabido mantenerse en el tiempo y guardar la esencia de esta zona en la que las casitas bajas blancas, en las que la estructura de madera asoma en la fachada y los tejados negros de pizarra resguardan las casas de la nieve.


Nieve no nos tocó pero si frío, mucho frío. Es lo que tiene visitar esta zona en pleno mes de diciembre. El termómetro no subió de los 0 grados hasta casi el final de nuestra estancia. Y cuando lo hizo fue para llegar a los 5-6 grados. Además, al frío se le sumaba el hecho de que anochecía sobre las cuatro de la tarde. Pero a todo se acostumbra una, sobre todo cuando se está de viaje.


Después de mucho tiempo, Hilchenbach


¿Y porque fuimos al 'desconocido' pueblo de Hilchenbach? La razón por la que visitamos Hilchenbach es la misma por la que hacía casi dos años que la deberíamos haber visitado. Como muchos y muchas jóvenes una familiar de mi pareja se fue a vivir a Alemania para labrarse un futuro mejor trabajando de lo que había estudiado en unas condiciones decentes. Han sido muchos los intentos de viajar a 'su pueblo' pero siempre pasaba algo que acababa con nuestros planes. Por eso cuando llego el momento de pensar viaje para el puente de diciembre no tuvimos ninguna duda. Era nuestro momento de viajar a Hilchenbach.

Pero no fue tan fácil. Como casi todos nuestros viajes hasta última hora no tuvimos claro si podíamos hacer el viaje. Un par de semanas antes de viajar empezamos a buscar vuelos. Los vuelos estaban bastante caros y además teníamos que hacer escalas un poco imposibles en Barcelona o Madrid. Cuando por fin conseguimos encontrar el viaje a precios asequibles tuvimos problemas para pagar. Así que ya pensábamos que íbamos a tener que dejar el viaje para otra ocasión. Pero el lunes antes de irnos volvimos a probar suerte y encontramos unos vuelos bastante bien de precio.

 Hilchenbach



Hilchenbach es un pueblo de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania. El pueblo está compuesto por doce distritos y tiene un total de 16.000 habitantes. Lo más destacable del pueblo es la Marktplatz con las tradicionales casitas blancas y con estructura de madera. La iglesia evangélica corona la plaza.

Hilchenbach está a una hora y poco más de Colonia, Frankfurt y Düsseldorf entre otras ciudades y lugares conocidos de Alemania.

Visitar Alemania en diciembre tiene la parte mala del frío y de anochecer en plena tarde, pero también tiene su parte buena y es que en Alemania viven la Navidad de una forma excepcional. Según nos contó nuestra anfitriona a finales de octubre ya empiezan a preparar los mercados y a iluminar las calles con luces y decoración navideña. Viven las Navidades.

Estuvimos en el puente de diciembre, del 4 de diciembre, domingo, al 9 de diciembre, viernes.

Alojamiento


Visitamos Hilchenbach para aprovechar y visitar a una familiar que vive allí por lo que el alojamiento era su casa en Hilchenbach. Así ya se puede viajar... Como ahorrábamos en el alojamiento nos permitimos gastar un poco más en el viaje en sí.

La última noche en Alemania sí que la pasamos en un hotel en Düsseldorf ya que cogíamos el avión al día siguiente desde esta ciudad y preferimos estar allí desde la noche anterior ya que desde Hilchenbach aunque sí que había conexión en tren no nos quisimos arriesgar.

Pasamos la noche en el Novum Hotel Madison Düsseldorf **** en el centro de Düsseldorf y a cinco minutos de Düsseldorf Hauptbahnhof o estación central de trenes desde donde había conexión directa con el aeropuerto. Nos costó 45 euros y la habitación nos sorprendió mucho ya que era muy amplia con tres camas y baño completo. Cogimos el hotel desde Alemania el día anterior a través de Booking.com. Dudamos en coger en el centro cerca de la estación o en el casco antiguo para disfrutar de las últimas horas dando una vuelta por el mercadillo de navidad pero al final nos decidimos por la comodidad de tener cerca el tren para ir al aeropuerto sin mayores problemas.


El viaje


El día 3 de diciembre empezaba el megapuente de diciembre y cuando queríamos viajar, y a día 28 de noviembre todavía estábamos sin billetes de avión. Ese mismo día 28 cogimos los vuelos. Y ya se sabe lo que pasa a última hora, que o consigues muy buenas ofertas de esas que yo nunca encuentro, o que tienes que pagar más de lo que 'deberías'; que es lo que concretamente nos pasó. Pero a pesar de que nos saliera más caro de lo que debería, tampoco creo que nos saliera tan-tan caro.

Durante toda la semana anterior estuvimos buscando vuelos en diferentes comparadores, pero al final me decanté por buscar en mi comparador de preferencia: Skyscanner. Skyscanner te permite hacer búsquedas de vuelos conociendo el lugar de origen y destino o incluso si quieres ir a la aventura y buscar los vuelos más baratos que se oferten. También podemos dejar las fechas abiertas y así nos darán los días más baratos. En nuestro caso teníamos tres posibles destinos: Frankfut, Düsseldorf o Colonia. La salida queríamos que fuera desde Bilbao, aunque también barajamos la posibilidad de ir a Barcelona y Madrid no nos salía a cuenta. También preferíamos ir directo pero no estábamos para elegir.

Después de mucho mirar al final, aunque nos salió un poco caro, nos salió bastante bien teniendo en cuenta que quedaban cinco días para la salida. En total pagamos 580 euros. Facturamos una maleta porque teniendo en cuenta las mínimas temperaturas que nos iba diciendo nuestra anfitriona que hacían necesitábamos llevar bastante ropa.

Salimos el domingo 4 de diciembre desde el aeropuerto de Loiu-Bilbao a las 14:55 y llegamos al aeropuerto Düsseldorf International a las 16:50. No pudo salir peor día. Por Sakana hacía xirimiri y había viento. Así que íbamos a Loiu, al aeropuerto, con los dedos cruzados para que en Bilbao no hubiese viente. El viento en Loiu maneja a los aviones como juguetes. Acojonante. Por suerte, el día estaba un poco triste pero no hacía viento.

Maqueta del Aeropuerto de Loiu




Viajamos con Germanwings operado por Eurowings. Aunque ya llevábamos la tarjeta de embarque desde casa, fuimos con tiempo para facturar la maleta. Después, cuando ya llegó la hora de embarcar pasamos por el control y cuando entramos en el avión ya estaba casi lleno por lo que tuvimos problemas para guardar las maletas de mano ya que los compartimentos estaban completos. El avión nos pareció un poco pequeño o que estaba aprovechado al máximo. Un poco agobiante o asfixiante. Además, hacía muchísimo calor. Por suerte no se sentó nadie en el asiento de al lado, el que daba al pasillo, y pudimos dejar la maleta ahí. El avión salió en hora.

El vuelo fue bien aunque con algún que otro susto. Al poco de despegar el avión descendió de forma brusca y hubo un suspiro generalizado. También tuvimos unas pocas turbulencias. Lo malo de viajar en compañías extranjeras es que la tripulación no habla tu idioma. En este caso toda la comunicación que venía desde la cabina de los pilotos era en alemán e inglés. Así que no nos enterábamos de nada.


Al llegar a Düsseldorf estuvimos un buen rato dentro del avión. La gente se levantó y estuvo esperando de pie en el avión. Se supone que estaban poniendo la pasarela, pero al lado nuestra llego otro avión poco después del nuestro y pusieron la pasarela y salieron del avión antes que nosotros. Algo pasó pero nadie nos dijo nada. Al salir nos juntamos con una amiga de Altsasu que casualmente habíamos viajado en el mismo avión; con la diferencia de que ella y su pareja iban a hacer escala para ir a otra ciudad.


Lo bueno de ir a un sitio donde tendrás anfitriones, anfitriona en este caso, es que te pueden ir a buscar al aeropuerto y para cuando llegamos ya nos estaba esperando. Habíamos cuadrado las fechas para aunque sea estar un día de fin de semana allí ya que ella trabajaba entre semana. En poco más de una hora llegamos a Hilchenbach desde Düsseldorf.

La vuelta la hicimos el día 9 de diciembre, viernes. El vuelo salía desde Düsseldorf a las 12:05 y llegaba a la T4 del aeropuerto Madrid Adolfo Suarez Barajas a las 14:45 donde haríamos una hora de escala para coger el vuelo a Bilbao a las 15:45. En menos de una hora estábamos en Bilbao. A la vuelta viajamos con Iberia.


Para no perder la costumbre, después de estar esperando en el aeropuerto a que llegara la hora, llegamos casi los últimos al avión. Yo pensaba que iba a ser un poco más grande que el de ida ya que viajábamos con Iberia pero también era pequeño, aunque si que me dio la sensación de que era algo más cómodo que el anterior. El vuelo fue bien, sin sustos mayores. Lo bueno de viajar con Iberia era que la tripulación hablaba español y toda la información la decían en español. Y cuando te dan la información de a cuanto estamos volando, cuando es la llegada estimada, y demás datos te enteras de algo. Además fue muy concreto, nos dijo cuando íbamos a llegar a Madrid y cuanto iba a costar llegar a la puerta de llegada y fue muy exacto. Como era la hora de comer y en Madrid apenas íbamos a tener tiempo para nada, decidimos cogernos algo en el avión y, claro, nos salió la comida un poco cara.


Una vez en Madrid como ya llevábamos un vuelo y hacía mucho que estábamos "encerrados" nos apetecía fumar; pero, a no ser que me equivoque, para fumar tienes que salir del aeropuerto. Así que allí que fuimos corriendo. Y si sales del aeropuerto, luego tienes que volver a pasar por control para embarcar... Además, nos liaron con la puerta de embarque -primero nos dijeron que era la 35, luego la 25...-, pero conseguimos llegar a tiempo; en la última llamada. Eso sí, la escala se nos pasó rapidísimo.

En el avión Madrid-Bilbao nos tocó en asientos separados pero, bueno, era un vuelo corto así que no pasaba nada. Y la verdad que se nos hizo muy corto, para cuando te quieres dar cuenta, ya estas en Bilbao. Es más, yo creo que para cuando termina de despegar, ya tiene que empezar el aterrizaje. Todos los vuelos fueron muy puntuales.

Como he comentado en el apartado de alojamiento a la vuelta decidimos dormir en Düsseldorf ya que los trenes desde Hilchenbach costaban demasiado y no nos fiábamos de llegar a tiempo. Así que la noche anterior al vuelo nos llevó a Düsseldorf y desde allí cogimos el metro que va directamente al aeropuerto. Gracias también a una trabajadora de la estación de tren que nos vio un poco perdidos y nos ayudó a sacar los billetes y nos llevó hasta el anden donde debíamos esperar el metro.

❖ Idioma

En Alemania se habla principalmente en alemán, pero también controlan bastante de inglés. Con mi inglés oxidado conseguimos entendernos donde lo necesitamos y la verdad que me sentí muy orgullosa ya que se me entendía más de lo que pensaba. Y yo también entendía todo lo que me querían decir. Cuando estábamos con nuestra anfitriona era mucho más fácil, claro.

❖ Horario

En Alemania tienen el mismo uso horario que nosotros, es decir, no hay que adelantar ni atrasar el reloj. Pero hay que tener en cuenta que tienen una 'cultura horaria' diferente a la nuestra. Por ejemplo, la hora de la comida y la cena. Apenas comen y cuando lo hacen es lo que nosotros llamaríamos el almuerzo. Claro, luego cenan muy muy pronto; sobre las seis o siete de la tarde ya están cenando. Hay que tener en cuenta estos horarios también a la hora de ir a comprar ya que la mayoría de los establecimientos cierra sobre las 19:00, sobre todo en invierno. Hay alguna excepción, pero para las 20:00, muy tarde, ya están todas las tiendas cerradas.

Transporte


Desde Hilchenbach salen trenes para las principales ciudades cercanas así como para los pueblos de alrededor pero son un poco caros y, además, se tarda bastante en llegar. El tren cuesta unos 40 euros y lo bueno es que el billete es una especie de bono con el que puedes viajar durante todo el día en trenes media distancia. Pero el viaje desde Hilchenbach a Colonia, por ejemplo, era de unas dos horas. Había trenes cada hora. Por eso decidimos dormir la última noche en Düsseldorf. Nuestra forma de movernos fue en coche con nuestra anfitriona como 'chofer' y en una ocasión cogimos nosotros el coche para ir a Colonia.

La conducción en Alemania no varía mucho. La única diferencia es que a no ser que se señale, en la autopista se puede ir a la velocidad que se quiera: 140, 150 o incluso 160. Es el coche quien te limita la velocidad. Aunque, como digo, en muchos tramos está limitado y, además, estas limitaciones tienen 'horarios'. Por ejemplo, en una señal puede poner que esa vía está limitada a 100 kilómetros por hora pero solo de seis de la mañana a una de la tarde. Así que fuera de ese horario se puede ir a la velocidad que se quiera o se pueda. A las salidas y entradas de las grandes ciudades suele haber retenciones kilométricas.


Los coches llevan en la luna, en la parte inferior derecha, una pegatina redonda creo que de diferentes colores según el grado de contaminación que tenga el coche. Si la pegatina certifica que tu coche contamina más de lo debido no puedes acceder al centro de la ciudad con ese coche, o algo así. El verde te permite acceder sin problemas.

Para ir al aeropuerto desde la estación de tren de Düsseldorf se puede coger la línea de tren o metro que tiene conexión directa con el aeropuerto. Nosotros cogimos el S-Bahn S11 casi de casualidad gracias a la ayuda de una trabajadora de la estación que nos vio perdidos y nos ayudó en todo: nos cogió los billetes en la maquina y nos llevó hasta el andén. El billete costaba 2,60 € cada uno. El metro sale cada 20 minutos y en poco más de 10 minutos están en el aeropuerto que cuenta con su propia estación.

Gastronomía


Como soy un poco rara a la hora de comer, uno de los aspectos que más 'miedo' me suele dar a la hora de viajar es la gastronomía o la comida. No le suelo dar muchas vueltas y me pueden más las ganas de viajar, pero si que es cierto que mis manías gastronómicas hacen que no disfrute de la gastronomía del lugar tanto como debería.

En el caso de Alemania y teniendo en cuenta que estaban los mercadillos navideños en marcha lo que más vimos fueron salchichas y carne a la brasa con patatas. Las hamburgueserías es otro de los restaurantes bastante típicos de la zona. En los restaurantes un poco más tradicionales dan una especie de plato combinado con carne de cerdo empanado, ensalada de col -muy común en todos los platos-, patatas y huevo.


Y patatas... había puestos de patatas de todas las clases por todos lados. También hay muchos puestos de bollos y bretzels, lazo de pan muy típico en Alemania.


También hay muchos restaurantes internacionales, es decir, chinos, mongoles, italianos, kebabs, etc.

Y bueno, para beber cerveza. En la zona en la que estuvimos la más popular es la Krombacher. Y en los puestos de los mercados de navidad también se bebe vino caliente y ponche.

Al ir a una casa particular la mayoría de las comidas y cenas las hicimos en casa con alguna excepción como el día que llegamos, cuando fuimos a Colonia o a cenar a Freudernberg en un restaurante muy coqueto.



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